Infamia

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  • Hace seis años se logró lo que pareciera imposible. Por fin, después del gran fraude electoral en las elecciones del 2006, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) consigue el triunfo oficialmente gracias al voto popular.

    Haciendo un poco de historia. En el año 2006 AMLO logra ganar con una ventaja poco significativa, lo que daría paso a que se efectuara el fraude en su contra haciendo que “oficialmente” ganara uno de los peores presidentes que hemos tenido: Felipe Calderón Hinojosa.

    Posteriormente en el año 2012 el PRI regresa al poder después de una elección llena de corrupción. La violencia, corrupción, delincuencia mantenían un crecimiento en los indicadores oficiales. Los cárteles de la droga comenzaban a expandirse a sus anchas por todo el país. Las fuerzas políticas: PRI, PAN y PRD generan un “Pacto por México” para privatizar lo que quedaba en el país.

    La sociedad obviamente comenzaba a cansarse, el pueblo de México es algo peculiar. Podemos parecer unos dejados, pero cuando se tiene que actuar, se hace de forma contundente. Es debido a esta historia de fraudes que en las elecciones del 2018 la sociedad tomó partido. Como sociedad nacieron iniciativas sociales para evitar los fraudes electorales, el pueblo mostró el músculo y salió a votar masivamente. En la noche del primero de julio todos estábamos expectantes viendo cómo el PREP mostraba algo insólito, AMLO parecía ganar por una amplia ventaja. El primero en admitir su derrota fue Ricardo Anaya y al poco tiempo Meade hace lo mismo. No lo podíamos creer, veíamos las noticias anunciando el triunfo de AMLO y lo primero que se me vino a la mente junto con mis padres fue el de ir al zócalo a festejar.

    No fuimos los únicos. El taxista que nos llevó estaba igual de asombrado que nosotros. Llegamos al zócalo y caminamos rumbo a la Alameda, al lugar donde estaba el centro operativo de la campaña de AMLO. Éramos muchos los que estábamos ahí, con la felicidad en el rostro. Después regresamos rumbo al zócalo porque AMLO daría un discurso. Ufff… La cantidad de gente que estaba presente celebrando la victoria. Solo pudimos quedarnos a la orilla del zócalo ya que estaba lleno. Eran alrededor de las diez u once de la noche y el ambiente que se vivía era de júbilo. Ya no nos quedamos a ver cómo terminaba el discurso, nos regresamos pero con mucha alegría en nuestros corazones.

    Los que votamos ese día por AMLO sabíamos que queríamos un cambio. Pero nunca esperamos que el cambio fuera tan grande y radical. En estos seis años, lo que se ha hecho se escribirá en los libros de historia. No me sorprendería que en algunos años este gobierno sea objetivo de análisis y estudio. AMLO tuvo una gran cantidad de retos a los que enfrentarse, en algunos salió extremadamente bien y en otros, siento que nos quedó a deber. Pero lo que sí es un hecho es que puso en marcha una transformación que no se detendrá tan fácilmente. El pueblo de México lo respalda y lo demostró en las elecciones pasadas. Ya veremos qué sucede en estos próximos seis años.

    Por lo pronto, lo que sé es que cuando termine el gobierno de AMLO lo vamos a extrañar.

  • Oaxaca, hace varios años era el sitio que cumplía con las tres B’s: Bueno, Bonito y Barato. Podías realmente disfrutar de la comida típica del lugar, estar en algún bar tomando mezcal sin exagerar en tu cuenta y disfrutar de pasear, además de la calidez de la gente. Desde la primera vez que fui con un amigo y hasta hace unos días que volví a visitar el lugar con mi prometida el lugar solo conserva una de las B’s: Bonito. Sigue manteniendo ese encanto colonial y la calidez de la gente, pero ya dejó de ser Barato y Bueno.

    Es curioso que en un lugar con tanto espíritu nacional nos haya pasado un caso de discriminación. Discriminación por ser y parecer mexicanos en un restaurante que ofrecía comida para nada típica. Lo peor es que Oaxaca se parece cada vez más a un Salvador de Allende, lleno de puros lugares para extranjeros, con precios para sacarle jugo a cada dólar y dejando de lado la esencia que caracterizaba el lugar. Pareciera que el único lugar que se mantiene intacto sigue siendo el mercado, que ofrece precios adecuados y comida con la sazón que tanto nos gusta a los mexicanos.

    No culpo a la gente de querer percibir más dinero atrayendo a clientes extranjeros, más en un estado que se ha caracterizado por la pobreza y humildad, pero el abuso y explotación del turismo extranjero no deja oportunidad al turismo nacional.