Uno pensaría que a pesar de la cantidad infame de cursos, material en internet, libros, podcasts, TED Talks e incluso la misma ósmosis cualquiera podría ser un líder y si es el caso, ¿por qué hacen falta tantos líderes?
Podríamos comenzar con una de tantas ideas de lo que es ser un líder: El que manda, el que dirige, el que lleva la manada. Pero, ¿esas son cualidades o características de un líder? Y si lo creyeras, ¿te gustaría seguir a alguien así?
De todos los jefes que he tenido, pocos han sabido ser buenos líderes y la principal cualidad que tenían en común es que sabían motivar. La idea poder venderte algo y que tú lo veas como una necesidad es tremenda, lograr algo así requiere de mucho entrenamiento y talento natural. Claro, todo es la suma de los diferentes talentos y de cómo sacarles provecho.
El saber motivar requiere de mucha empatía, entender a la persona, saber realmente qué lo mueve y por último ser persuasivo. ¿Pero esto funciona? La verdad es que no, si fuera tan fácil ya hubiera escrito mi libro sobre liderazgo. Últimamente me he encontrado con dos casos donde difícilmente puedo motivar a las personas, el primer caso me frustró mucho porque pensaba que podía conseguir motivar la persona para que hiciera su trabajo, para que fuera constante, para que cumpliera con sus actividades. No lo conseguí. El segundo caso a diferencia del primero, es con una persona que está muy cómoda haciendo su trabajo y no quiere salir de su forma de confort. Tampoco lo conseguí.
¿Qué aplica en estos casos? No lo sé, si lo supiera, habría conseguido mis objetivos. Lo que sí tengo por cierto, es que la motivación no fue la correcta… Electroshocks posiblemente hubieran funcionado.
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